CRÓNICAS DE UN AUTOBÚS 1: El amanecer

Hay días buenos, días malos, días ácidos, días amargos, días que saben a caramelo y días en los que desearías quedarte escondido bajo las sábanas.

Pero no importa, sea como sea el día, te toca levantar por la mañana cuando suena el despertador. ¡¡¡Maldito despertador!!!

Saltas de la cama y prendes el bolier para calentar el agua. Eso pasa cuando se tiene economía limitada y un bolier del año de la chancleta que no tiene piloto automático. Aprovechas, por mientras, a prepararte un café. Sabroso, aromático… mmmmmm. Te lo tomas lentamente al mismo tiempo que enciendes el televisor para ver las noticias de las 6 de la mañana. Por momentos te gustaría que fuera eterno…el café, claro; un pequeño instante de placer antes que se te alborote la gastritis. Alguna que otra galleta para sofocar el reclamo estomacal.

Te preguntas varias veces si ver las noticias por la mañana es sano. Ignorar el mundo y sus alrededores te aportaría buenas dosis de felicidad, tu mayor preocupación no pasaría de planchar o no la camisa que te quieres poner hoy. Pero siempre las ves. Necesitas saber qué pasa y, por qué no, burlarte de los conductores, que son más parecidos a la vecina del segundo piso que periodistas objetivos. ¿Y qué carajos te importa lo que opinen ellos acerca de una noticia? No decidiste que estuvieran allí, no les pediste su visión personal…simplemente quieres que te informen, de la manera más objetiva posible. Pero no, es el noticulebrón matutino.

El agua ya está caliente, así que te duchas, vistes y emperifollas. Antes de salir le das una manita de gato al departamento para que no se vea tan desordenado, más pensando en la posibilidad que te pueda caer alguien de improvisto al regreso, y no tanto por estar nadando entre un mugrero. El desorden no te molesta, pero es de las pocas dosis de vergüenza que tu mamá consiguió inculcarte.

Abres la puerta y sientes el fresco de la mañana. Todavía está oscuro ¿será que ya han puesto las calles? Sí, nunca fallan, ahí están, listas para que inicies tu día laboral.

Bajas las escaleras y caminas ligero. Doblas a la derecha en la primera cuadra y esquivas el perro que está recostado en la mitad de la acera. Es un chucho melenudo, como si fuera un leoncito, de color canela. Quién fuera perro…echado todo el día. ¿De qué se preocupará él? “¿Habrá suficiente sol el día de hoy para sentirme a gustito? ¿Comeré croquetas o carnita con su jugo más sustancioso? ¿Alguna perra en celo me coqueteará y saciaré mis ansias?”. Quién sabe qué es lo que piense, sólo abre un poquito sus ojos y te mira, resopla con hueva y los vuelve a cerrar. ¿Por qué le llamarán vida de perros si sólo duermen, cagan, comen y cogen? En ocasiones has pensado que tienen una vida más humana que tu perra vida.

Llegas a lo que crees es la parada; has tomado el camión ahí por largos años. Realmente no sabes si es la parada o no, simplemente a veces los camiones dejan o recoger pasajeros, así que te lo crees. Es un misterio. Lo mismo pasa en la siguiente cuadra, la siguiente y la siguiente.

Las 8:15. Muchas veces no miras el reloj, simplemente reconoces caras. Ahí está el chinito de las gorras, el retraído que se esconde tras los lentes, el Sr. Smithers y la ñora culona. Sabes que vas bien de tiempo. Si no están te preocupas ¿se te habrá escapado el camión? Y a veces también está el botudo, él llega tarde, rayando el camión de las 8:20h, por eso muchas veces lo pierde.

El camión fue benevolente y concedió parada. Te subes con los demás, pagas y estás de suerte, te sientas. Sube y baja gente, realmente no les prestas mucha atención…pero estás al pendiente. Sí, hay unas caras con las que coincides siempre y las buscas en la multitud. Dos paradas después sube la “secretaria” y “Pelo largo yogurt”. Cinco paradas y le toca a “Mortadelo”. Ocho paradas y es el turno de las “muñecas gemelas” y el “Mofetas”. Quince paradas después el “Bulldog”. Ya sólo falta la “psico”, que lo hace dieciocho paradas después. Ya estamos todos.

El gentío es borroso…y el viaje se te hace corto cuando te adentras en la vida de esas personas con las que compartes el autobús a diario. ¿Quiénes son? ¿A qué se dedican? ¿Cuáles son sus secretos?

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