Ayuda para Tabasco: realmente llega?

sos.jpgEl pasado fín de semana después de ver la situación que pasan nuestros paisanos de Tabasco, mi familia y yo decidimos ir a comprar algunas cosas para enviarlas, estando en una famosa tienda gringa donde venden cosas por mayoreo no nos sorprendió ver la cantidad de personas que hacían lo mismo, llenaban carros y carros con agua, leche en polvo, comida enlatada y varios artículos más para llevar a los centros de acopio.

Así que comentábamos quienes estábamos en la fila para pagar dónde iba a entregar cada quién sus aportaciones, pero lo que sí nos sorprendió es la existente duda colectiva que teníamos las personas que estábamos ahí: ¿qué organizaciones nos parecen más confiables para llevar dicha ayuda?.

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CRÓNICAS DE UN AUTOBÚS 2: Tremenda pedrada

Rosa Fernanda era una señora obesa. A sus 45 años, era toda una dama superlativa, macro gorda, una inmensidad de grasa que cruzaba la puerta 5 minutos antes que el resto del cuerpo. Una vez se le cayó un frijol entre las lonjas y cuando por fin lo encontró ya había germinado.

Tenía un puesto de comida en la calle principal de la ciudad y pasaba todo el día llevándose a la boca cualquier cosa; un pedacito de chorizo para ver si ya estaba cocido, la tortilla quebrada que según ella no se iba a vender, el cachito de queso a punto de echarse a perder… No entendía por qué Dios la castigaba con esa generosidad de redondez. Mientras atendía a sus clientes, sólo suspiraba y monotemáticamente exclamaba: “¡Pero si ni tiempo tengo de sentarme! ¡No desayuno, como ni ceno! ¡Debería estar como un fideo! Pero no, Diosito quiere que llegue a todos lados rodando en lugar de caminando. ¡Qué cruz la mía!”. Leer más »

CRÓNICAS DE UN AUTOBÚS 1: El amanecer

Hay días buenos, días malos, días ácidos, días amargos, días que saben a caramelo y días en los que desearías quedarte escondido bajo las sábanas.

Pero no importa, sea como sea el día, te toca levantar por la mañana cuando suena el despertador. ¡¡¡Maldito despertador!!!

Saltas de la cama y prendes el bolier para calentar el agua. Eso pasa cuando se tiene economía limitada y un bolier del año de la chancleta que no tiene piloto automático. Aprovechas, por mientras, a prepararte un café. Sabroso, aromático… mmmmmm. Te lo tomas lentamente al mismo tiempo que enciendes el televisor para ver las noticias de las 6 de la mañana. Por momentos te gustaría que fuera eterno…el café, claro; un pequeño instante de placer antes que se te alborote la gastritis. Alguna que otra galleta para sofocar el reclamo estomacal.

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